CAPITULO IV El laberinto
Nos acercamos a la puerta, frente a nosotros había un enorme laberinto con trampas, a simple vista veíamos posos, péndulos y bloques, pero aun así fuimos con cuidado por temor a otras trampas ocultas. Llegamos a un área muy oscura, no se podía ver nada, pero aun se escuchaba el ruido de las trampas moviéndose, entonces le pregunte a Shiroi:
-Oye, no nos podrías iluminar un poco?-
-Lo haría pero mis cerillos desaparecieron-
entonces notamos que la mano de Shiroi comenzó a brillar, lo suficiente como para alumbrar el camino, al caminar había muchas otras trampas, intentando evitarlas y tras muchas heridas que Venancio curo con ese liquido rojo encontramos un gran rio, demasiado grande como para saltarlo, y la corriente era demasiado fuerte como para nadar, me dije a mi mismo:
-porque no hay un puente aquí?-
en eso la punta del bastón que antes era mi espada brillo de un color azul claro, el agua del rio se congelo e hiso un puente de hielo algo frágil, en eso pensé:
-pareciera que este laberinto estuviera hecho para nosotros y estas cosas-
al cruzar el puente Carla callo al rio y parecía que se iba a ahogar, Martin intento tomarla de la mano pero no la alcanzo, me asuste, mi bastón comenzó a brillar otra vez y el agua se detuvo, así Carla pudo salir nadando y le pregunto a Martin:
-como hiciste eso?-
-yo no lo hice-
le contesto y luego yo dije
-creo que ha sido mi bastón, parece que controla el agua-
-hagamos una prueba, ahora piensa en una espada-
dijo Martin con voz algo nerviosa. Lo hice y el agua del rio cubrió mi bastón, y esta tomo forma de una espada de hielo
-ahora tu Shiroi, piensa el luz sobre tu cabeza-
en un momento el cabello castaño de Shiroi se torno rubio y brillante como el sol, y ya sabíamos que el liquido rojo de Venancio curaba cualquier herida y parecía no agotarse.

















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